domingo, 31 de octubre de 2010

Mitad de jornada. Harper y Mourinho y otras ideas peregrinas

Lo confieso: ayer vi una película en vez de hacer la previa de la jornada. La película era Con el agua al cuello (The Drowning Pool, de Stuart Rosenberg, 1975). Continuación de Harper, investigador privado (Harper, de Jack Smight, 1966), es una buena película que, como la mayoría de segundas partes, resulta inferior a su predecesora. El caso es que me llamó la atención el parecido que Paul Newman, en el papel de Harper, tenía con Mourinho. Quizás sólo sean cosas mías, pero es cierto que ambos tienen esa pose chulesca y engreída, mascan chicle continuamente y se dedican a solucionar los problemas de los ricos.


Vayamos a la jornada. El Real Madrid superó al Hércules en el Rico Pérez en un partido que empezó perdiendo. La primera parte no sólo fue bastante igualada si no que incluso el conjunto alicantino asustó en varios contragolpes muy bien ejecutados al todopoderoso conjunto blanco. Sin embargo, después del descanso, el Hércules se desplomó y el Real Madrid no perdonó. Algunos alaban a Mourinho porque retiró a un defensa -Pepe- para sacar a un delantero -Benzema-. En mi opinión, atendiendo al partido que hizo Pepe, más le hubiera valido al Real Madrid jugar el primer tiempo con diez jugadores. Sinceramente. Luego, unos diez minutos después del atrevido cambio y en cuanto los blancos anotaron el segundo gol, Mourinho quitó a Higuaín y a Özil y metió a Albiol y a Arbeloa. Es decir, que el Real Madrid terminó jugando con cinco defensas (y Khedira) contra un súper Hércules bastante hecho polvo. Ojalá estos y otros hechos similares sirvan para reservar un lugar a Javier Clemente en el panteón de las divinidades balompédicas como un técnico adelantado a su tiempo, un genio incomprendido precursor del fútbol actual que hace vibrar a millones de personas.

De verdad, a mí -como a todos- Mourinho me encanta. Su capacidad como motivador es incuestionable. Un día le mete un poco de caña al Barça y pone en entredicho la aportación goleadora de Villa y al día siguiente, los chicos de Rijkaard, perdón, de Pep (no sé en qué estaría pensando), le meten cinco al Sevilla con dos tantos del asturiano. Insuperable. Vale, es el peor Sevilla de los últimos años (por cierto, creo firmemente que si Gregorio Manzano no es capaz de hacer que este equipo juegue bien, nadie lo conseguirá), pero todavía da algo más de miedo que el peor Deportivo que yo he visto en mi vida y que un Racing apático y sin sangre (ahora mismo, ambos en puestos de descenso). A lo mejor influyó en el triunfo culé que los andaluces acabasen el encuentro con un jugador menos. Creo recordar que en varias de las últimas victorias del Real Madrid en su feudo igualmente éstos terminaron el partido con superioridad numérica. Lo menciono porque es llamativo comprobar que los equipos grandes no sólo son mejores sino que también, en muchos casos, son más.

Si algún madridista -qué digo algún madridista, ¡si alguien!- todavía está leyendo esto, seguramente pensará que soy un antimadridista sin criterio ni formación que sólo dice tonterías y que es incapaz de reconocer cuando un rival juega bien al fútbol. En parte tendrán razón y en parte se equivocarán porque, como decía Harper al principio de la película que vi ayer: "Puede que esté cachondo, pero no soy estúpido" (aquí la frase parece una vulgaridad; dicha por el gran Paul Newman es hasta elegante). El Real Madrid no juega tan mal como algunos quieren hacer creer. Es más divertido ver uno de sus partidos que, por ejemplo, uno del Levante. No pretendo ofender a la afición granota, de verdad, pero es que estaría feo que ellos jugasen mejor que un equipo que puede fichar un verano a Cristiano Ronaldo, a Kaká, a Benzema (entre otros) y al siguiente, y sin haber ganado nada de nada, puede volverse a reforzar con Mourinho, Özil, Di María y varios más.

Vaya, se nota que es la primera vez que hablo de fútbol en el blog y estoy divagando más de la cuenta. Lo siento.

En esta jornada han pasado más cosas. El Valencia ha empatado en su estadio con un Zaragoza que jugó  con diez hombres los últimos veinte minutos. Pitada final y Unai Emery genera dudas al mando de un equipo que todavía se mantiene en la cuarta posición. A veces, en algunos clubs, la clasificación poco importa: el Valencia también estaba en la cuarta posición cuando Quique Sánchez Flores fue destituido hace unos años. El caso es que Emery es un entrenador algo desesperante y con una, aparentemente, escasa capacidad de liderazgo. Sin embargo, también es un técnico interesante, trabajador y con ideas propias. Le falta conseguir algún título o logro importante (si no entendemos como tal acabar en tercera posición la temporada pasada con el Valencia de Villa y Silva). Quique, por ejemplo, consiguió títulos después de su paso por Mestalla. Habrá que ver si hay paciencia (debería haberla) con Emery y si no le devora antes de tiempo la peligrosa maquinaria de un club grande y ambicioso. Os dejo un link a un muy buen artículo sobre Emery y su pizarra con motivo del partido de vuelta de Europa League contra el Atlético de Madrid de la temporada pasada: Emery-sufrio-un-ataque-de-gran-entrenador.

Sobre el Atlético. Esta tarde se enfrenta al Almería en el Vicente Calderón. Es un partido importantísimo. No ganar después de la derrota ante el Villarreal y justo antes de enfrentarnos al Madrid sería bastante desalentador. Algunos creerán que los del Atlético ya estamos asustados de cara al derbi. Yo lo estoy. A pesar de todo lo que he escrito antes, es un hecho objetivo que el Real Madrid ha goleado y pasado por encima del rival en sus últimos partidos en el Bernabeú. Pero que nadie se confunda, los que no tienen miedo antes del peligro no son los valientes; son los locos. Aún con temor y sin Godín (qué mala suerte), sé que el Atlético reunirá el valor suficiente para plantar cara a sus vecinos -calidad le sobra-. Sin darme cuenta ya estoy divagando de más, otra vez.

Bueno, basta por hoy, que ya debo haber quedado suficientemente en ridículo escribiendo desde la posición del forofo y no desde la del cronista o del analista.

¡Saludos!

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