sábado, 13 de noviembre de 2010

INEFABLE

No os asustéis, hoy no se trata de un artículo pedante y aburrido como el anterior. Escribo -pasada la semana de luto de rigor por el derbi- para difundir un cortometraje. No es ninguna obra maestra pero tiene cierto mérito teniendo en cuenta el tiempo en el que se realizó, las condiciones existentes y los medios disponibles. De todos modos, no es necesario decir que si no fuera uno de los creadores no perdería el tiempo en esta entrada.

Disfrutadlo. Se llama INEFABLE. Sin palabras.

jueves, 4 de noviembre de 2010

De valientes y de cobardes, de herejes y de mártires


"Galileo fue un cobarde". Eso dijo un día mi profesor de filosofía en Bachillerato. Entonces se estaba hablando mucho de Galileo -medios incluidos- por algún motivo que no logró recordar. Mi profesor, despreciando la figura del pisano, prefirió hablar de Giordano Bruno, el que no se retractó de lo que pensaba y que fue quemado vivo en la hoguera. Vaya por delante que a mí casi me parece más inmoral no mentir si de lo que se trata es de evitar una muerte horrenda, que olvidarse por un momento de ser coherente y consecuente con uno mismo para salvarse (al fin y al cabo, las personas somos tan volubles...). Pero ya sabemos para qué están los profesores de filosofía: para meternos en la cabeza ideas absurdas e intentar que reflexionemos sobre ellas. Es broma. Aunque no sería broma si nuestro mundo fuera esencialmente absurdo, cosa que, por otra parte, es posible.   

Giordano Bruno (Nola, reino de Nápoles, 1548 - Roma 1600) fue un filósofo renacentista. Doctor en teología y ordenado sacerdote, se dedicó a la enseñanza. Acusado de herejía en 1576, recorrió entonces Europa dando clases donde pudo hasta que en 1592, en Venecia, su protector lo entregó al Santo Oficio. Durante ocho años le interrogaron y torturaron pero no consiguieron nada de él. Defendió hasta el último momento sus tesis, que desarrollaban las de Copérnico, en las que afirmaba que la Tierra no era el centro del universo. Heredero de filósofos como Heráclito y Demócrito, fue crítico con las ideas aristotélicas y platónicas en el aspecto cosmológico y afirmó que los astros y los sistemas planetarios constituían un mundo infinito. Como dos realidades infinitas (el mundo y Dios) no pueden lógicamente coexistir, para Bruno era evidente que Dios y el mundo no eran dos sustancias distintas, sino dos expresiones infinitas de una misma realidad. He aquí el motivo principal de su condena: panteísmo.

Los datos de esta pequeña biografía que acabáis de leer los he extraído de la Gran Enciclopedia Larousse -la de toda la vida-. Para más información: Wikipedia

Durante ocho años, el Santo Oficio no discutió las tesis de Bruno sino que valoró si ajusticiarle o no, en una época en que ideas como las del filósofo se extendían por Europa. No querían convertirle en un mártir de la causa pero algo tenían que hacer para disuadir a futuros herejes. Ahora, quizás muchos piensen que la Iglesia creó un mártir (su estatua preside el Campo dei Fiori en Roma) y que no pudo frenar el progreso científico que habría de llegar. Sin embargo, la imagen de Bruno fue ampliamente denostada, su figura pasó a convertirse en la de un hombre oscuro, incluso peligroso (probablemente sea éste el motivo por el que no oigamos hablar tanto de él). Además, es evidente que la Iglesia sobrevivió a esta y otras condenas similares (poco le han afectado como institución). Yo dudo que realmente el Tribunal del Santo Oficio no consiguiera lo que se había propuesto: tiempo. Que le pregunten a Galileo. Él sí fue persuadido. 

Bertolt Bretch, en el relato corto -muy recomendable- "El manto del hereje", demuestra su admiración por la figura de Bruno: "Si se leen sus escritos y se consultan los informes existentes sobre su actuación pública, se convendrá en atribuirle grandeza como hombre." El escritor alemán también recoge una fantástica frase que el filósofo dijo ante el tribunal: "Es mayor tal vez el miedo que sentís al pronunciar vuestra sentencia que el mío al escucharla".  

No pretendo en esta entrada atacar a la Iglesia actual -podría parecerlo, dado la cercanía de la visita del Papa a España-. El fenómeno de la religiosidad en el ser humano me ha fascinado siempre, así que no es mi intención criticar desde la intolerancia o desde la ignorancia, sino desde mi interés por comprender y reflexionar, como me enseñó mi profesor de filosofía en Bachillerato. Historias como las de Giordano Bruno nos hacen pararnos a pensar cuánto valen nuestras ideas y qué sentido le damos a nuestra vida. Hay personas que están dispuestas a morir por unas creencias, mientras que otras -y ahí está el problema- están dispuestas a matar. 

He citado a Bretch y he sacado el tema religioso, así que puede ser apropiado transcribir otro fragmento de su obra, una de "Las historias del señor Keuner" (una especie de Zaratustra kafkiano), que me parece interesante al respecto:

Sobre si existe un dios

Alguien preguntó al señor K. si existía un dios. El señor K. respondió:
- Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se diese a esa pregunta. Si permaneciese inalterable, la pregunta sería ociosa. Si, por el contrario, tu conducta variase, en tal caso puedo ayudarte diciendo que tú mismo habrías zanjado la cuestión: efectivamente, necesitarías ese dios.

Este es un ejemplo perfecto de una elegante e inteligente forma de no contestar una pregunta que no tiene respuesta. Sólo para las cuestiones que dependen de nosotros podemos encontrar soluciones que nos satisfagan. Y esas son las que dirigen nuestra vida, que se basa en elecciones.

Giordano Bruno eligió, murió y durante siglos permaneció en el olvido. Galileo eligió, vivió y es venerado como uno de los padres de la ciencia moderna. Quizás entre en contradicción conmigo mismo pero para mí está claro: hoy, aquí, estoy hablando del hereje. El que llegó hasta el final, el que me ha hecho reflexionar. Valiente y admirable, no como otros.

¡Un saludo!


lunes, 1 de noviembre de 2010

El Atlético todavía no encuentra su lugar en la Liga

¡Hola a todos!

Leer hoy la entrada que publiqué ayer supone para mí un ejercicio de masoquismo sólo superado por mi condición de hincha colchonero. Es evidente que no doy una: si antes digo que el Racing y el Depor están fatal, antes golean a sus rivales (Racing 4 - 1 Osasuna / Deportivo 3 - 0 Espanyol).


En el Vicente Calderón, el Atlético de Madrid sólo pudo sacar un empate del Almería de Lillo (1 - 1). Es cierto que la manera que ahora tiene el Atleti de no ganar dista mucho de la que tenía el año pasado, aunque el resultado siga teniendo un mal sabor. Ayer los madrileños lucharon hasta el final y en muchos momentos tuvieron el control absoluto del encuentro, abrumando a Diego Alves, que defendió impecablemente su portería. Seguro que dentro de poco alguien hará un viaje a Almería con un buen fajo de billetes debajo del brazo para fichar a un gran portero. Lo único que el brasileño no pudo atajar fue un tiro del Kun tras cazar un despeje del meta a un sorprendente cabezazo de Reyes (¡selección ya!). El Almería, por su parte, tuvo buenas ocasiones, derivadas la mayoría de pérdidas de balón del Atlético en el centro del campo. El gol de Piatti fue un golazo, imparable para De Gea, que sí que apareció más tarde con una fantástica mano a un potente disparo de Uche. En cuanto al árbitro, lo mejor que se puede decir de él es que no estuvo tan mal como el de la jornada anterior en el Madrigal. Entre otras cosas, prefirió ver fuera del área una falta a Reyes que, de hecho, había sido dentro.

El resultado final es, como decía ayer, desalentador. La peor noticia es que quizás Reyes no llegue en perfectas condiciones al clásico del domingo que viene, tras haber sufrido una contractura que obligó a Quique a sustituirle en el descanso por el prometedor -por el momento nada más- Fran Mérida. Muchos colchoneros pensaran que es bueno que Perea viese la quinta amarilla y que no pueda disputar el partido contra el Real Madrid. Yo tengo serias dudas. Llegamos justos de efectivos en defensa y Quique tendrá que disponer una línea inédita esta temporada: Filipe Luis - Domínguez - Ujfalusi - Valera. Es posible que en vez de Valera, que acaba de salir de una lesión, juegue Antonio López por la banda derecha (Quique ya le colocó allí en el partido de Copa).

En cuanto a las sensaciones del equipo, sin ser malas, tampoco son buenas. Más que preocuparme Forlán, me preocupa Tiago. Para mí era el mejor fichaje posible y ahora veo que no está cómodo en el campo, que le está costando mucho encontrar el tono y el sitio. Aunque participativo, no se asocia con facilidad con los de arriba y pierde demasiados balones peligrosos. Sin embargo, tampoco creo que ninguno de los otros centrocampistas que hay en plantilla estén capacitados para hacer su función. Raúl García sigue sin ofrecerse en el campo ni la mitad de lo que se ofrece el portugués y Mario Suárez está aún verde para llevar el peso del equipo. Camacho y Assunçao son eminentemente defensivos. En cualquier caso, todavía es pronto para preocuparse por el portugués o por el delantero uruguayo, que encadenará una buena racha goleadora en cuanto marque un tanto (¿qué mejor día para empezar que el domingo que viene?).

Hay que decir que, a pesar de los últimos resultados, se siguen viendo cosas buenas: el excelente momento de Reyes, la energía y calidad del Kun Agüero o el buen inicio de temporada que está cuajando Simao, tras un año espantoso. Empieza a verse también la aportación ofensiva de Filipe Luis (que se debe ir entonando más en defensa) y desde luego quien sobresale es Diego Costa. Criticado antes de tiempo, el joven delantero está demostrando con su actitud y con sus goles que Quique no se equivocó con él. Ayer salió al campo el once de gala del Atlético (a excepción de Godín, recién operado de apendicitis) y Diego Costa estaba en el banquillo. No es habitual que el máximo goleador de un equipo no sea su delantero titular; estas cosas sólo pasan en el Atleti...

¡Buena semana!