viernes, 28 de enero de 2011

Humor platónico

Todo el mundo debería leer a Platón, por lo menos una vez en la vida. Y lo dice un tipo que no ha leído mucho del filósofo griego y que en no pocas ocasiones piensa que es de una ingenuidad insoportable. Pero hay que reconocer que en las páginas de sus obras está ya apuntada -y desarrollada- toda la filosofía que vendría después. Leo a Platón y me parece que no hemos 'solucionado' nada desde hace 2.500 años, aproximadamente. Quiero decir con este irresponsable ejercicio de simplismo y reduccionismo, que los problemas filosóficos y existenciales que acucian al ser humano (¿occidental?) actual son los mismos que acuciaban a Platón. Lógico, en tanto que hemos seguido el sendero que él marcó, pero aún así, no deja de ser ésta una curiosa sensación, desalentadora y temible...

He comenzado a escribir esta entrada con el firme propósito de convencer a alguien -¡a quien sea!- de que hay que leer más a Platón. Ojalá, querido lector, seas tú quien decida que ya es hora de ir a una biblioteca y pedir prestado cualquiera de sus libros (que, mucho me temo, tendrán una espesa capa de polvo encima).

El caso es que, para conseguir mi objetivo, había pensado escribir -al estilo sofista (¿qué diría Sócrates de esto?)- sobre lo tremendamente cómica que es la obra platónica y lo mucho que puedes reírte con ella. Pero no puedo mentir tan descaradamente; su obra no resulta graciosa y ligera sino todo lo contrario, es profunda, seria y densa. Como yo.

Sin embargo, aunque Platón no se prodigue contando chistes, sí existe cierto humor platónico que sorprende por la facilidad con la que a veces es introducido. El uso de la ironía es más común de lo que la gente supone y no deberíamos leer a Platón de forma rígida y aséptica, inmunizados contra una buena carcajada, como si fuésemos los monjes benedictinos de El nombre de la rosa (en cuyo caso se trataba de Aristóteles).

Transcribo ahora un fragmento del diálogo Gorgias que, verdaderamente, hace gracia. Para situar: en este diálogo, Sócrates defiende que es preferible ser víctima de una injusticia que cometerla, porque cometer una injusticia es un mal mayor -ya sólo esto les hará gracia a algunos... ¡qué malvados!-. El debate con Calicles, político arrogante e inteligente (signo involutivo: ahora sólo tenemos políticos arrogantes), no tiene desperdicio. Antes, ha discutido -y (con)vencido- a Polo y a Gorgias. Se reflexiona aquí sobre el poder político, sobre las leyes, la igualdad, la justicia, etc.; temas serios donde los haya. Lo que yo transcribo es la parte más vulgar, graciosa y mundanal del diálogo, allí donde Sócrates se permite intercambiar réplicas sarcásticas con otro hombre lúcido y poco dispuesto a colaborar. De fondo, detrás del diálogo completo, podemos encontrar amenazas veladas y graves tensiones pero aún así, Woody Allen podría haber plagiado en alguno de sus guiones partes de este texto y nadie lo notaría. Imaginaos a Sócrates como un feliz anciano que habla ignorando por completo a su interlocutor, y a Calicles como un señor algo engreído que está perdiendo los nervios porque no le escuchan y que finalmente desiste de ser atendido. En negrita, las fulminantes respuestas de Calicles ante un exasperante Sócrates:


SÓCRATES: Comprendido: puede ser que se trate de vestidos. ¿Es preciso que el más hábil en la confección de telas lleve el traje más grande y vaya cargado de un gran número de trajes de los más hermosos?
CALICLES: ¿De qué trajes me estás hablando?
SÓCRATES: Por lo dicho será preciso que el artesano más entendido en la fabricación de cueros y el mejor de los zapateros tengan más calzado que los demás y que el zapatero lleve cuando vaya a la calle los zapatos más grandes y muchos de repuesto.
CALICLES: ¿Qué tonterías de zapatos estás diciendo?
SÓCRATES: Si no es esto lo que piensas, puede que sea esto otro; por ejemplo, que el labrador entendido y práctico en el cultivo de sus tierras debe tener más semillas que echar en sus campos que los otros.
CALICLES: Siempre tienes que venir a parar a lo mismo, Sócrates. 


Evidentemente, el problema del humor platónico reside en demasiadas ocasiones en la traducción. He leído un par de traducciones distintas de este Gorgias y se pueden encontrar frases como:


SÓCRATES: ¡Ja, ja! ¡Qué pillo eres, Calicles!


que se convierten en:


SÓCRATES: ¡Ay, ay! ¡Qué astuto eres, Calicles!


No cambia exageradamente, pero sí parece que no es cuestión de buenos o malos traductores, sino de que hay algunos más dispuestos a hacer reír que otros. Lo ideal sería leer a Platón en el griego original (¡Ja, ja! / ¡Ay, ay!). Lástima que nuestra ignorancia nos aboque a sufrir variopintas e infames traducciones...

Por cierto, si no os habéis reído peor para vosotros. De todos modos, lo más destacable de Platón no reside en su humor, así que seguís sin tener excusa para no conseguir inmediatamente un libro suyo.

En un futuro, intentaré escribir un poco más seriamente sobre Sócrates, esa especie de Cristo filosófico, y sobre algunas de las 'perlas' que nos legaron él y su discípulo Platón. Como esa de que es mejor sufrir una injusticia que cometerla. No sé porqué, me ha salido la vena nietzscheana. Sin embargo, creo profundamente que es mejor sufrir una injusticia que cometerla. De lo que ya no estoy tan convencido es de que actuemos como si creyésemos en ello.

¡Un saludo!

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