"Galileo fue un cobarde". Eso dijo un día mi profesor de filosofía en Bachillerato. Entonces se estaba hablando mucho de Galileo -medios incluidos- por algún motivo que no logró recordar. Mi profesor, despreciando la figura del pisano, prefirió hablar de Giordano Bruno, el que no se retractó de lo que pensaba y que sí fue quemado vivo en la hoguera. Vaya por delante que a mí casi me parece más inmoral no mentir si de lo que se trata es de evitar una muerte horrenda, que olvidarse por un momento de ser coherente y consecuente con uno mismo para salvarse (al fin y al cabo, las personas somos tan volubles...). Pero ya sabemos para qué están los profesores de filosofía: para meternos en la cabeza ideas absurdas e intentar que reflexionemos sobre ellas. Es broma. Aunque no sería broma si nuestro mundo fuera esencialmente absurdo, cosa que, por otra parte, es posible.
Giordano Bruno (Nola, reino de Nápoles, 1548 - Roma 1600) fue un filósofo renacentista. Doctor en teología y ordenado sacerdote, se dedicó a la enseñanza. Acusado de herejía en 1576, recorrió entonces Europa dando clases donde pudo hasta que en 1592, en Venecia, su protector lo entregó al Santo Oficio. Durante ocho años le interrogaron y torturaron pero no consiguieron nada de él. Defendió hasta el último momento sus tesis, que desarrollaban las de Copérnico, en las que afirmaba que la Tierra no era el centro del universo. Heredero de filósofos como Heráclito y Demócrito, fue crítico con las ideas aristotélicas y platónicas en el aspecto cosmológico y afirmó que los astros y los sistemas planetarios constituían un mundo infinito. Como dos realidades infinitas (el mundo y Dios) no pueden lógicamente coexistir, para Bruno era evidente que Dios y el mundo no eran dos sustancias distintas, sino dos expresiones infinitas de una misma realidad. He aquí el motivo principal de su condena: panteísmo.Los datos de esta pequeña biografía que acabáis de leer los he extraído de la Gran Enciclopedia Larousse -la de toda la vida-. Para más información: Wikipedia.
Bertolt Bretch, en el relato corto -muy recomendable- "El manto del hereje", demuestra su admiración por la figura de Bruno: "Si se leen sus escritos y se consultan los informes existentes sobre su actuación pública, se convendrá en atribuirle grandeza como hombre." El escritor alemán también recoge una fantástica frase que el filósofo dijo ante el tribunal: "Es mayor tal vez el miedo que sentís al pronunciar vuestra sentencia que el mío al escucharla".
No pretendo en esta entrada atacar a la Iglesia actual -podría parecerlo, dado la cercanía de la visita del Papa a España-. El fenómeno de la religiosidad en el ser humano me ha fascinado siempre, así que no es mi intención criticar desde la intolerancia o desde la ignorancia, sino desde mi interés por comprender y reflexionar, como me enseñó mi profesor de filosofía en Bachillerato. Historias como las de Giordano Bruno nos hacen pararnos a pensar cuánto valen nuestras ideas y qué sentido le damos a nuestra vida. Hay personas que están dispuestas a morir por unas creencias, mientras que otras -y ahí está el problema- están dispuestas a matar.
He citado a Bretch y he sacado el tema religioso, así que puede ser apropiado transcribir otro fragmento de su obra, una de "Las historias del señor Keuner" (una especie de Zaratustra kafkiano), que me parece interesante al respecto:
Sobre si existe un dios
Alguien preguntó al señor K. si existía un dios. El señor K. respondió:
- Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se diese a esa pregunta. Si permaneciese inalterable, la pregunta sería ociosa. Si, por el contrario, tu conducta variase, en tal caso puedo ayudarte diciendo que tú mismo habrías zanjado la cuestión: efectivamente, necesitarías ese dios.
Este es un ejemplo perfecto de una elegante e inteligente forma de no contestar una pregunta que no tiene respuesta. Sólo para las cuestiones que dependen de nosotros podemos encontrar soluciones que nos satisfagan. Y esas son las que dirigen nuestra vida, que se basa en elecciones.
Giordano Bruno eligió, murió y durante siglos permaneció en el olvido. Galileo eligió, vivió y es venerado como uno de los padres de la ciencia moderna. Quizás entre en contradicción conmigo mismo pero para mí está claro: hoy, aquí, estoy hablando del hereje. El que llegó hasta el final, el que me ha hecho reflexionar. Valiente y admirable, no como otros.
Giordano Bruno eligió, murió y durante siglos permaneció en el olvido. Galileo eligió, vivió y es venerado como uno de los padres de la ciencia moderna. Quizás entre en contradicción conmigo mismo pero para mí está claro: hoy, aquí, estoy hablando del hereje. El que llegó hasta el final, el que me ha hecho reflexionar. Valiente y admirable, no como otros.
¡Un saludo!
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